










UNA TIERRA Y SUS FRUTOS
Las 44 hectáreas de Saint Roch se sitúan en el territorio de Maury, a 25 kilómetros de Perpiñán, cerca del Mediterráneo, en el valle del Agly.
El Castillo de Quéribus, Kerbuccio, está vigilante al norte del viñedo. Cada parcela de vides está bordeada de moreras, higueras, granados, cerezos, algarrobos, manzanos, encinas, landas de tomillo, de lavanda y de hinojo; aquí, el ecosistema es primordial. El territorio está compuesto de laderas de arcilla y pizarra de base calcárea, cuya altitud varía entre 120 y 370 metros.
El viento, la tramontana, circula por el corredor entre Fenouillèdes y Corbières. El sol catalán baña Saint Roch con una luminosidad muy particular.
Flanqueada aquí por el Canigó, una ladera de syrah joven, allí un pequeño valle de garnacha gris y de macabeo. Sobre la meseta de Cabirou: las viejas garnachas tintas y las cariñenas. Más abajo la uva muscat de grano pequeño. A la salida de la propiedad, la uva sauvignon rodea la merlot y la mourvedre.
HOMBRES QUE LE DAN ALMA
En 2001, Emma Florensa y
Marc Bournazeau, su marido, decidieron criar vinos parecidos a los territorios
mediterráneos de donde salen: auténticos y distinguidos.
Todos los trabajos de la viña se realizan con el debido respeto a la naturaleza, aplicando un cultivo racional, sin herbicidas y con la utilización de abonos orgánicos.
La recolección es manual, lo que permite una primera selección previa a la cosecha, seguida de una selección en mesa antes del despalillado. En la bodega las formas de elaboración difieren según las cosechas: Côtes du Roussillon Villages tintos, Vin de Pays des Côtes Catalanes tintos, blancos y rosados, Rivesaltes, Maury tintos y blancos, Muscats de Rivesaltes, todos nacen en Saint-Roch.
